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Pseudociencia.El lenguaje científico por si solo no constituye una ciencia

Ciencia / David Jou, físico

«Hawking y otros científicos frivolizan la religión y divinizan las leyes físicas»

Día 09/03/2013 - 02.24h.
Oscar del Pozo

El físico y poeta David Jou, interesado por las analogías entre el cerebro y el Universo, apuesta por una ciencia que no olvide la espiritualidad

«Hawking y otros científicos frivolizan la religión y divinizan las leyes físicas»


Seguir el discurso de David Jou, profesor de Física de la Universidad Autónoma de Barcelona y poeta, es apasionante, pero no resulta fácil. Convencido de que la ciencia sin espiritualidad «no tiene sentido», su pensamiento contesta a las preguntas con una profundidad y un alarde de conocimientos de tantas materias, desde la física cuántica y la biología a la religión, que uno no puede más que escucharle como lo haría un alumno (y poco aventajado). Sin embargo, este experto en termodinámica de procesos irreversibles reconoce que comenzó a interesarse por el cerebro humano en parte «como un ejercicio de modestia». «Los físicos tenemos la impresión de que lo sabemos casi todo del Universo y no nos damos cuenta de que dentro de nosotros hay otro 'universo' mucho más complejo». De ello habló el científico el pasado jueves en el ciclo «Los límites de la ciencia» que organiza la Fundación Banco Santander en Madrid.

Pseudociencias. Sin explicación no es lo mismo que inexplicable

Sin explicación no es lo mismo que inexplicable

Muchas personas tienen tanta confianza en sí mismas que, si pueden explicar algo, piensan que debe de ser inexplicable y, por tanto, un verdadero misterio de lo paranormal. Incluso las personas más razonables piensan que, si los «expertos» son incapaces de explicar algo, tiene que ser inexplicable.
Muchas veces se piensa que, por ejemplo, doblar cucharas, caminar sobre fuego o la telepatía son sucesos paranormales o místicos porque la mayoría no puede explicarlos. Y cuando se encuentra una explicación la mayoría responde: «Sí, claro», o «Si lo piensas, es obvio».
Caminar sobre el fuego es un caso paradigmático. La gente especula sin fin sobre los poderes sobrenaturales pan dominar el dolor y el calor, o en misteriosas sustancias químicas emitidas por el cerebro que eliminan la sensación de dolor y evitan las quemaduras. Hay una explicación más sencilla: las ascuas, cuando están distribuidas en una capa ligera, conservan poco calor y la conductividad de calor entre ellas y los pies es muy baja. Si no se camina en círculo sobre las ascuas, uno no se quema.
Pensemos en un bizcocho en un horno a 200 grados. El aire, el bizcocho y el molde están a 200 grados, pero sólo el molde de metal nos quemaría la mano. El aire tiene muy poca capacidad para conservar el calor y muy baja conductividad, por lo que nos permite meter la mano en el horno el tiempo suficiente con el objeto de tocar el bizcocho y el molde. La capacidad de conservar el calor del bizcocho no es mayor que la del aire y, como su conductividad es muy baja, podemos tocarlo brevemente sin quemarnos. El molde de metal tiene una capacidad de conservar el calor similar a la del bizcocho, pero una conductividad muy alta. Si lo tocamos, nos quemamos.

Por eso los magos no cuentan sus secretos. En principio, la mayoría de sus trucos son relativamente simples (aunque muchos son extraordinariamente difíciles de ejecutar), así que, saber el secreto, le resta encanto al truco).
Existen muchos misterios sin resolver genuinos en el universo y no ocurre nada por decir: «Todavía no podemos explicarlos, pero algún día tal vez sí lo hagamos». El problema es que a la mayoría nos resulta más reconfortante la certidumbre, por mucho que sea prematura, que vivir en medio de misterios inexplicados o sin resolver.