Vicente Verdú: "El desarrollo del pensamiento no tiene ahora muchos practicantes"
Dice el periodista y escritor Vicente Verdú (Elche,
1942) que en su juventud se dejó mecer por la teología a través de los
libros. La búsqueda de explicaciones para lo inexplicable mediante los
textos religiosos y espirituales. Algo parecido ha llevado ahora a cabo
con su reciente ensayo Apocalipsis Now (Península,
2012) en el que evoca el Libro de San Juan para tratar de conformar un
pensamiento que explique las causas del abismo económico, político y
moral en el que nos encontramos. Un texto religioso que, a pesar de las
Bestias y los infiernos, ofrece esperanza. Y Verdú, autor de ensayos
como El capitalismo funeral, también la observa en
la actualidad con los movimientos solidarios y de cooperación
producidos en los últimos meses. Aunque persista el pecado de la
codicia, aún queda algo a lo que agarrarse. Aún queda el sentimiento
humano, aunque este, como señala el periodista en esta entrevista
realizada en su casa de Madrid, no se vea reflejado en la clase política
actual y ni siquiera en un Vaticano, donde hasta el Papa ha decidido
jubilarse.
Diario Kafka: ¿Con Apocalipsis Now has tratado de buscar los orígenes de la crisis en la Biblia?
Vicente Verdú: No.
Los periódicos estaban insistiendo en que nos encontrábamos al borde
del abismo y estábamos en la convicción de que se estaba produciendo una
hecatombe, que nos íbamos todos a pique. Y después había, y lo hay, un
acuerdo de que esto es el fin de un tiempo. Y todo esto tiene que ver
con lo que el Apocalipsis dice acerca del fin de un tiempo y de que
después hay una especie de limpieza de los pecadores y no pecadores, con
una continuación de la Historia durante un tiempo que se llama la
parusía. Todo eso tiene un tratamiento religioso que a mí ni se me había
pasado por la cabeza relacionarlo con las circunstancias actuales, por
muy bíblicas que sean. Pero el editor, que debe ser aficionado a las
lecturas de textos religiosos, tuvo esa idea.
DK: ¿Y qué descubriste en el Apocalipsis de San Juan?
VV:
El Apocalipsis es un texto muy expresionista, muy romántico porque
tiene un gran aspecto de dulzura en la explicación de los momentos de
felicidad que pueden aparecer. Y bueno, no entramos en ese análisis más
minucioso desde un punto de vista religioso, sino que es un texto
escabroso, fuerte, con mucho carácter y que responde a la misma figura
de Stephane Hessel, un indignado que ve que esto se va a hacer gárgaras,
y que hay que ser consciente de que este cataclismo no va a ser solo
económico y financiero sino también moral.
DK: ¿Por eso hay que reflexionar a partir de textos como este de San
Juan, que no solo es religioso, sino que tiene una parte humana muy
importante?
VV: Ciertamente. Por otro lado, San
Juan, que está siempre con estas grandes metáforas, está refiriéndose
siempre al ser humano. Cuando habla de Babilonia o Israel, la Bestia…
hay desgarros y padecimientos humanos.
DK: Como apuntas en tu libro, San Juan queda consternado cuando es
consciente de que esto se acaba. Un poco la sensación que tenemos todos
nosotros en la actualidad.
VV: Es tan patente
que estamos consternados, que estamos paralizados... Toda esta situación
es inexplicable. Y si la tenemos que explicar es a causa de que el
miedo paraliza a las gentes, de que este es un momento de tal
trascendencia que cualquier paso de destrucción de lo existente puede
llevarnos a un vacío. Con Hessel me he acordado del Manifiesto
Comunista, de que en 1848, en pleno Romanticismo revolucionario alemán,
tenían un programa. Ellos tenían un programa para llegar a ese punto del
hombre nuevo. Y en aquel entonces, luchar por la destrucción del poder
persistente no era abrir un vacío, sino la ocasión para instalar un
nuevo orden, el poder del proletariado. Había un movimiento, una
estrategia, unos militantes luchadores. Mientras que ahora no hay eso.
El caso, por ejemplo, de Italia con Beppe Grillo refleja una simiente
extraña de cómo se podría organizar un movimiento.
DK: Precisamente, ¿qué le parece el caso de Grillo? Porque la prensa lo
adjetiva como antisistema y el hacedor de la antipolítica.
VV:
Todo lo que está ocurriendo en el caso de Italia y con las
manifestaciones de indignados es una fase infantil de la sociedad que se
forme, sea la que sea. Es esa fase infantil en la que el niño dice “no y
no”, pero no dice “qué”. Eso desespera a los padres porque el niño lo
que hace es patalear y negarse. Y en esa histeria del “no” es en la que
estamos instalados. Por eso los libros se llaman así ¡Indignaos!, ¡Reacciona!, etc. Sin saber ni qué ni cómo ni hacia dónde.
DK: ¿Falta doctrina? Porque el marxismo o la religión lo son.
VV:
Sí, nos falta un corpus doctrinal, como decían los tomistas, con una
organización de sus partes su estructura…. Pero no cabe duda de que está
bullendo una nueva concepción de la sociedad…
DK: Pero te lo preguntaba porque, por ejemplo, el movimiento de 1968 se
apoyaba en el marxismo y ahora no parece haber filósofos…
VV:
Es que la filosofía, como la teología, ha desaparecido. El último
teólogo que quedaba era Ratzinger y se ha jubilado. Igual que los
filósofos. No quedan ni siquiera ensayistas, puesto que los ensayos que
se están publicando son reportajes políticos o de autoayuda, o de esas
cosas. Yo me acuerdo que le pregunté a Umberto Eco por qué había dejado
los ensayos, y me contestó que si vendía 15.000 ejemplares con un ensayo
y un millón y medio con una novela, estaba claro. El desarrollo del
pensamiento no tiene ahora muchos practicantes. Y por otra parte, todo
esto es muy coherente con esta sociedad fragmentada en la que no hay un
sistema que lo gobierne todo. Se habla de cómo vivir con el desorden,
cómo la inspiración es el desorden. [El arquitecto Rem] Koolhaas, con
respecto a las ciudades, dice que la mano que gobierna el urbanismo es
la especulación, es decir, el desorden, el desfalco y la corrupción. Y
luego esas otras llamadas a saber convivir con el caos, la
improvisación, historias segmentadas.
DK: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
VV:
En los sistemas, como pasa con los seres humanos y seres vivos en
general, la propia exasperación de la vida lleva a su aniquilación.
Tenemos una idea de la muerte como una decrepitud, pero la muerte es
también, desde un punto de vista religioso, la culminación de una
existencia. Es la exasperación de las injusticias en el capitalismo, que
han hecho hundirse al sistema judicial, la exasperación de las
explotaciones económicas, que han hecho que la sociedad se divida entre
unos poquitos que tienen mucho y unos muchísimos que no tienen nada, y
que crea unas condiciones de inviabilidad en el mismo sentido que decía
Marx. Cuando Marx decía “pero si ellos son pocos y nosotros somos
muchos, ¿qué estamos esperando para arrebatarles el poder?”, en estos
momentos ocurre eso, pocos que tienen mucho y muchos que cada vez tienen
menos, entonces ¿qué esperamos para tomar el poder?
DK: ¿Y qué hay que hacer? ¿Una revolución violenta? ¿Una revolución pacífica?
VV:
Lo único que hemos sabido de las revoluciones es que siempre han sido
violentas, sangrientas, bárbaras… Aquí, ahora hay una serie de aspectos
muy positivos y esperanzadores. La humanidad, ya sea por los medios de
comunicación y demás, se reconoce como una unidad. Todos somos seres
humanos iguales. Todos tenemos derechos y nos sentimos unidos por una
misma condición que es la humana. Eso es un elemento básico y
fundamental para la solidaridad, la cooperación y la colaboración de
los pueblos. También esto es como si fuera un impedimento, un barranco
que nos separa de la guerra. Lo que más animaba a luchar era que al otro
lo veíamos como un ser diferente, un enemigo al que había que eliminar
porque estaba envenenando e intoxicando nuestra sociedad. Pero al no ver
al otro como diferente es más difícil que la colisión se produzca. Yo
creo que esas manifestaciones de solidaridad, tanto en la red como fuera
de la red, son muy novedosas desde el punto de vista del desarrollo del
mundo.
DK: ¿Estamos pasando de un imperio del Mal donde habitaba la codicia y la avaricia, los grandes pecados, a uno del Bien?
VV: Se ha desprestigiado el Mal. Es decir, no está de moda ser malo.
DK: Hace un par de años, sí.
VV:
Sí, sí, pero ahora han llegado las cosas a tal punto que huele todo
mal. Entonces, la palabra de honor, el sentir que la otra persona es
leal, noble, está de moda. Está de moda ser bueno. Y las modas no son
tonterías. La moda es una fuerza que desencadena una potencia enorme. De
hecho, en el mundo hoy tan comunicado, lo que se llama fenómenos de
moda o Trending Topic hacen unos efectos de unas
dimensiones universales. Y esa es también una novedad muy esperanzadora.
El desprestigio de Wall Street, lo que significa eso de hacerse rico
deprisa y corriendo…
DK: ¿Y qué hacemos con los políticos, que parece que siguen encuadrados en seguir siendo los malos de la película?
VV:
Yo creo que los políticos desaparecerán. Lo de Grillo es una
manifestación que no hay que despreciar. Así es como se ha ido
constituyendo el “no partido” de Grillo, que ha hecho que la red de
especialistas en educación haya escogido a quién podría ser el
representante de todos ellos. Y ya no solo el representante, sino el
técnico más cualificado para llevar adelante un sistema educativo. Y eso
será con todo. No se tratará de políticos profesionales, sino que será
eso que se ha llamado “tecnócrata” peyorativamente. Será la gente que
sepa de sanidad por su experiencia y sus estudios y su grado de
humanidad la persona que merezca el apoyo. Sea de derechas, de
izquierdas…
DK: ¿Pero eso no significa una cierta banalización de la política
profesional y que favorezca la aparición de personajes como el actor
Toni Cantó?
VV: Es que eso de la política yo ya
lo tengo en los talones. Así como ha habido un tiempo en el que la
polis era importante, ahora lo importante es el domus,
la casa, unas relaciones más cercanas, más inmediatas. Toda esa
representación parlamentaria, esa entrega de las decisiones a una clase
política que se comporta muy endogámicamente, que se olvida del
ciudadano y que está además autorizado durante cuatro años a hacer y
deshacer a su antojo, es anacrónico. Y eso es lo mismo que lo que dicen
los de Grillo: si la persona que está encargada de realizar esa función
para la que se le ha encomendado no lo hace bien se la destituye. Como
sucede con los entrenadores de fútbol. Lo de esos políticos que salen y
dicen, “no, es que me quedan tres años” recuerda a los emperadores
romanos. El siglo XIX fue un paso hacia adelante en la representación
parlamentaria y los partidos políticos, y los presidentes del gobierno
elegidos y el voto, pero ahora todo eso es un camelo. ¿Que tú estés en
una democracia porque te dan un día para que vayas a votar? Eso es una chufla.
Y la cosa ha llegado a tal grado de camelo que ya no hay país que no se
llame demócrata. Hablas de Filipinas, de Venezuela, de Cuba, de China…
Ellos tratan siempre añadir el término demócrata a todo.
DK: Por tanto, ¿un Beppe Grillo es posible en la España de hoy?
VV:
Sí, claro. En esa misma conversación que mantuve con Umberto Eco en la
que hablábamos de Berlusconi, él decía que habíamos pensado que todo el
mundo se iría transformando a imagen y semejanza de Estados Unidos, pero
en realidad todo el mundo se va a ir transformando a imagen y semejanza
de Italia. Con payasos, con gentes grotescas… Porque la política ha
llegado a un grado de degeneración tan grande que su alternativa es la
coña.
DK: Ahora que nombras a Berslusconi, un político que fue echado hace
unos meses de la presidencia de Italia y que regresa ahora como segunda
fuerza política, ¿cómo se puede explicar?
VV:
No puedo explicar bien el fenómeno porque habría que estar más cerca de
la situación para entenderlo. No sé, creo que la figura de Berlusconi
como triunfador y tan poderoso en los medios de comunicación tiene que
haberle hecho aparecer a aquellas gentes que ya se desentienden de la
política como una figura pícara, lista, capaz de hacer cosas porque
tiene muchos recursos… Pero bueno, esto es aventurar mucho el
diagnóstico.
DK: En Apocalipsis Now
incides en que las políticas de austeridad implementan los errores.
Sin embargo, a pesar de que son muchos los economistas que tienen este
mismo diagnóstico, los políticos no son capaces de echar marcha atrás.
¿Cuestión de ceguera? ¿De maldad?
VV: Yo creo
que se mezclan intereses económicos muy poderosos de los países que son
acreedores de los más pobres. Ellos no quieren perder el dinero que han
invertido y para ello tienen necesidad de que esos países no sean
insolventes. Estas medidas de austeridad que Bruselas impone son para
lograr que esos países tengan capacidad de devolver la deuda contraída.
Ahora bien, el movimiento es de una crueldad enorme. Hace tres años
Grecia estaba con unas condiciones de vida que no eran superiores al
castigo que sufrió Alemania en la Segunda Guerra. Y ahora lo estamos
viendo con los desahucios y demás. Efectivamente ha habido una época en
la que el sistema estaba desbocado, entre otras cosas porque lo habían
desbocado. Desde 1975, en que empiezan Thatcher y Reagan con las
políticas neoliberales, se desboca el sistema. Y este sistema que está
desbocado y que da lugar a estos abusos y corrupciones y demás es el que
unos políticos deciden encauzar y sofrenar. Para mí la causa principal
de todo lo que está ocurriendo está en el hundimiento de la política.
Los políticos podían haber dicho, “¿Qué dice la agencia de rating
esa? A ver, cerradas todas”, o “Que den el dinero a los particulares y
no a los bancos” o “A este banco le pasa no sé qué, pues nacionalizado y
a hacer puñetas”. Pero los políticos no han intervenido y han dejado
hacer. Podría haberse planteado la vuelta al equilibrio de una manera
más suave. Pero no lo han hecho y han actuado a despecho de toda
consideración humana.
DK: Y no hay muchos visos de que lo hagan y cambie el rumbo.
VV:
Es que se llevan las cosas a unos extremos… Y yo creo que por un vicio
de los partidos. Lo que ocurre ahora en EE. UU. con los demócratas y
los republicanos a despecho del mal que provoquen en la sociedad es por
esa ambición de poder que se crea a partir de los partidos políticos y
de sus dirigentes.
DK: ¿La partitocracia ha muerto aunque ellos no lo quieran ver?
VV:
Como está en este estado agónico no hace más que dar movimientos
convulsos, estertores que hacen más daño porque son más violentos.
DK: Otra de las cuestiones del libro que me ha sorprendido es cuando
afirmas que, a pesar de la secularización y la muerte de Dios, en los
últimos tiempos la sociedad occidental ha tenido una fe ciega. Una fe en
bienes intangibles. En ese dinero que, en realidad, no existía.
VV:
Los movimientos especulativos que han dado lugar después a grandes
crisis financieras han tenido como regla que ese mundo que permitía el
enriquecimiento rápido no iba a acabar nunca. La psicología social se
convertía en una psicología delirante. Y ahora ocurre lo mismo con las
viviendas. Hubo una subida que parecía que nunca iba a acabar.
DK: ¿El ser humano es más un crédulo que un escéptico?
VV:
Hay ahí una cosa religiosa fundamental y es que nos morimos. La
religión nunca desaparece sino que se transforma. Unas veces está en
esos hechos que comentas, creer que vamos a convertirnos en
multimillonarios o cualquiera de las utopías que funcionaron hasta
ahora. Pero la religión no desaparece porque es la base de consuelo para
vivir esta existencia.
DK: Aunque haya dioses que nos traicionen como el Dinero o el Ladrillo.
VV: Desde luego que sí. Y el propio señor nuestro Padre nos traiciona casi todos los días.
DK: Por cierto, ¿la renuncia del Papa Benedicto XVI también es una muestra de que la Iglesia católica está en transición?
VV:
Es muy importante lo que significa y es que el Papa ha aplicado la
razón a asuntos sagrados. La razón ha sido el enemigo número uno de la
religión. Así fue la Revolución Francesa. La diosa Razón contra el poder
absolutista que venía de Dios. La razón ha sido la base de los
ateísmos, ha negado la existencia de Dios. Ese pensamiento lógico ha
sido un pensamiento ateo. Y la decisión del Papa es una decisión
racional y revolucionaria. Que en pleno Vaticano, el Papa, que es Cristo
en la tierra, diga que se siente cansado… pero vamos, ¿este quién es? A
Cristo le hicieron las mayores judiadas y nunca se le pasó por la
cabeza algo así.
DK: Entonces, ¿no es correcta la renuncia?
VV:
Yo creo que para un cristiano, para un católico, supone una enorme
decepción y a mi modo de ver, una especie de sacrilegio. Con lo sagrado
no se puede hacer una traducción humana. La investidura del Papa es una
investidura que le convierte en el representante de Dios en la tierra,
¿cómo se va a dedicar entonces a otra cosa?
DK: También refleja un golpe al Vaticano, porque tener esa bicefalia
entre el nuevo Papa y el Papa emérito es bastante extraño.
VV: Sí, el Vaticano ahí se descompone, porque lo sagrado no se toca, es tabú.
DK: Y podrían salir ahora más escándalos, esos que el Papa Juan Pablo
II tapó y que, sin embargo, han salido a la luz con el papado de
Benedicto XVI.
VV: La Iglesia es que tampoco
está fuera de este mundo y lo que hablamos de las corrupciones. En
cualquier caso, que el Papa se envenene, pero no puede hacer eso para
irse a un convento de monjas. O eres el representante de Dios o eres un
monigote.